¿Quieres emprender? En Galicia, piensa en verde

La agricultura ha recibido un mazado en Galicia por culpa del acuerdo reciente con Mercasur. Si no sabes lo que es esto, no te preocupes que más abajo lo sabrás. A mí, que estoy enamorada de Galicia, me parece realmente triste que un Gobierno, que se supone que DEBE proteger y velar a los SUYOS, dé prioridad a extranjeros y machaque de esta forma a su propia gente, pero ocurre.

Por eso, tenemos que resistir. Tenemos que decir: aquí estoy yo, no me vas a echar de mis tierras. Y, si una de las formas que tenemos es abriendo más empresas de agricultura en la zona… ¡Que así sea!

 

¿Qué es Mercosur y por qué nos afecta tanto aquí?

Mercosur es es un acuerdo comercial entre países de América del Sur y la Unión Europea. En la práctica, significa que entran productos agrícolas de fuera con menos aranceles y menos trabas: productos más baratos, producidos con normas muy distintas a las nuestras, y aquí es donde empieza el problema.

En Galicia, producir no es barato: hay normas ambientales, controles, exigencias sanitarias y costes que asumimos porque creemos en hacer las cosas bien. Cuando entran productos de fuera que no siguen esas mismas reglas y además llegan a precios más bajos, el agricultor gallego queda en desventaja, y no porque trabaje peor, sino porque compite en desigualdad total.

Cuando el mercado se llena de carne, fruta o vino de fuera más barato, el producto local se queda atrás, porque no se vende o se vende mal. Ese margen desaparece, y la gente acaba dejando el campo porque no da para vivir. Eso causa campos abandonados, gente joven que no ve futuro y tierras que se pierden.

Por eso digo que emprender aquí, ahora, es también un acto de resistencia. No para competir a lo loco, sino para buscar valor, calidad, cercanía y raíces. Galicia tiene un clima, una tierra y un saber hacer que no se pueden copiar. Quieren que miremos fuera, pero yo te digo que mires al suelo que pisas.

 

¿Cómo ha cambiado la agricultura gallega y qué nos estamos jugando?

Haz memoria, aunque no seas del campo: antes casi todas las casas tenían huerta, viñas, animales… Era parte de la vida. Hoy muchas fincas están cerradas, llenas de maleza, sin uso. Y eso no pasó porque la tierra dejara de valer, pasó porque el sistema empujó a la gente a irse.

La agricultura gallega ha cambiado porque se industrializó todo: grandes producciones, grandes superficies, grandes cadenas… así, el pequeño productor quedó arrinconado, y, con acuerdos como Mercosur, la presión es todavía mayor porque se nos pide competir en precio cuando nuestro valor real está en otra parte.

Yo creo que aquí nos jugamos algo más que dinero: nos jugamos el paisaje, la cultura y la autonomía. Cuando dependes de lo que viene de fuera para comer, estás vendido. Recuperar el campo es recuperar control, y eso empieza por apoyar proyectos nuevos, pequeños, bien pensados y conectados con el territorio.

Quiero que veas el emprendimiento agrícola como una oportunidad actual. No hace falta hacer lo de siempre, se puede innovar, transformar, vender directo, crear comunidad. Pero primero hay que creer que merece la pena. Y merece la pena porque Galicia sigue teniendo futuro verde, aunque algunos se empeñen en lo contrario.

 

Volver a las raíces sin idealizar el pasado

Levántate y mira el campo. Volver a las raíces no es vivir como antes ni renunciar a lo que tenemos hoy, es usar el conocimiento actual y aplicarlo con sentido común.

La tierra gallega ofrece muchas opciones: huerta, frutales, viñedo o pequeños bosques. No todo funciona en cualquier sitio, por eso lo primero es mirar bien la finca, el suelo y el clima. Informarse antes de empezar ahorra muchos problemas después.

Trabajar el campo cansa, y eso es verdad, porque aquí nadie regala nada. Pero también da independencia y una sensación clara de estar haciendo algo propio. Yo prefiero a alguien cansado por trabajar su tierra que agotado por un trabajo que no le llena y apenas le da para vivir.

Quiero que tengas claro que no hace falta haber nacido en una familia de agricultores, hace falta ganas, aprender lo básico y pedir ayuda cuando haga falta. El campo ya no va solo de fuerza, va de organizarse, tener paciencia y ser constante.

Y cada vez más gente joven está demostrando que se puede vivir de esto de forma sencilla.

 

Cómo empezar un campo de uva desde cero

Si estás pensando en plantar uva, por ejemplo en Galicia, lo primero es elegir bien la finca. No hace falta complicarse, pero sí observar. Mira cuántas horas de sol recibe, cómo responde el terreno cuando llueve y si el agua se queda estancada. La vid necesita sol y un suelo que drene bien. Con eso claro, ya tienes medio camino hecho.

El siguiente paso es decidir qué tipo de uva quieres. No es lo mismo plantar uva de mesa que uva para vino, cada una tiene necesidades distintas y no todas se adaptan igual al clima gallego. Hay variedades más resistentes a la humedad y a las enfermedades, y elegir bien desde el principio evita muchos problemas después. Informarse antes de comprar plantas es una de las decisiones más inteligentes que puedes tomar.

Luego están los injertos. Hoy en día casi toda la vid se planta injertada para protegerla de plagas y asegurar una producción más estable. Hay que apostar por plantas certificadas y de calidad. Recuerda que una mala elección te acompaña durante años.

La plantación también pide calma: trabajar el suelo, marcar bien las distancias y dejar que la planta se adapte es parte del proceso. Los primeros años no esperes grandes cosechas. La vid necesita tiempo y paciencia para asentarse y crecer bien.

 

Empezar pequeño y observar antes de crecer

Quiero que te fijes en esto: empezar con pocas plantas es una gran ventaja. Te permite aprender sin presión, ver cómo responde tu tierra y entender qué funciona y qué no. El campo enseña despacio, pero enseña bien si sabes mirar.

Cuidar una pequeña plantación te ayuda a conocer el ritmo de la vid, cuándo podar, cómo reacciona al clima y qué problemas aparecen con más frecuencia. Con esa experiencia, tomar decisiones más grandes es mucho más fácil y seguro.

Desde Plantvid, que llevan años trabajando con plantas de vid e injertos, siempre aconsejan “elegir bien la planta desde el principio y adaptarla al terreno y al clima, porque esto reduce problemas y da tranquilidad durante muchos años.

 

Emprender en verde como forma de quedarse y no rendirse

Te animo a que mires emprender en verde como una forma real de quedarte y no rendirte. Quedarse en Galicia hoy también es una decisión muy clara, aunque no siempre se diga así. Es decir: yo me quedo, yo produzco aquí y apuesto por esto. Frente a decisiones que muchas veces favorecen lo de fuera, trabajar la tierra o crear un proyecto local es una forma directa de decir que aquí también hay futuro.

Creo que deberías saber que no todo el mundo tiene que ser agricultor, y eso está bien. Pero si lo sientes, si lo llevas tiempo pensando, no estás exagerando ni yendo a contracorriente. Hay mercado para el producto local, para las cosas bien hechas, para la cercanía y la calidad. Y cada proyecto, por pequeño que sea, suma y deja huella.

Piensa en todo esto la próxima vez que veas una finca abandonada. Mírala como una oportunidad esperando a alguien con ganas de empezar. Galicia no está acabada ni vacía de ideas. Creo de verdad que está esperando que la miremos de frente, tomemos decisiones y hagamos algo con ella, sin miedo y con los pies en el suelo.

 

Te propongo que mires la tierra con otros ojos y te preguntes qué quieres hacer

Quiero que te pares un momento y pienses en todo lo que hemos hablado. Mira tu alrededor y pregúntate qué papel quieres tener en tu vida y en tu tierra. Galicia sigue ahí, con sus campos, sus montes y sus espacios abandonados, esperando que alguien los use de forma consciente.

Se trata de dar pasos claros, ir aprendiendo y decidir con calma: observa la tierra, conoce el clima, entiende el suelo y piensa qué proyecto tiene sentido para ti. No te dejes llevar por lo que otros esperan o por lo que parece más fácil. Esto es tu decisión, y cuanto más lo pienses, más seguro estarás de que estás haciendo algo que merece la pena.

Mira la sostenibilidad, el cuidado del suelo, las variedades de plantas que encajan con tu zona. Piensa también en cómo organizar el trabajo, en el tiempo que lleva y en la paciencia que necesitarás. No hay fórmulas mágicas, pero hay sentido común y experiencia que puedes aplicar.

Y, sobre todo, pregúntate qué quieres ganar con esto. No hablo solo de dinero. Hablo de tranquilidad, independencia y de la satisfacción de ver crecer algo que tú decidiste cuidar. Cuando empiezas a planteártelo así, todo cambia: un campo abandonado deja de ser un problema y se convierte en oportunidad.

Te invito a mirar todo de frente. Analiza, piensa, pregunta y decide qué quieres realmente. Galicia está ahí para quien se atreve a involucrarse, con sus posibilidades y sus retos. Todo empieza por decidir que no vas a quedarte mirando, sino por actuar con cabeza y con ganas.

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