Viajar sin pausa: así es el día a día de un empresario de éxito

Me llamo Juan y llevo más de veinte años metido en el mundo de los negocios. Podría decir que he tenido suerte, pero nunca me gusta decir esto. Creo que suerte es que te toque los Euromillones, pero en el mundo empresarial la suerte es sacrificio, esfuerzo y talento.

Es cierto que a veces me preguntan cómo es la vida de un empresario que pasa más tiempo en aeropuertos que en su propia oficina. Pues lleno de movimiento, descubrimientos y pequeñas mejoras que voy incorporando para aprovechar cada minuto.

Mi jornada empieza muy temprano, demasiado, es lo peor que llevo. El sonido del despertador suele mezclarse con la luz blanca del hotel en el que me encuentre esa semana. A veces abro los ojos y tardo unos segundos en recordar en qué ciudad estoy. Hoy Madrid, mañana Lisboa, la semana que viene quizá París. Me gusta, y aunque cansado, forma parte de mi vida.

Después de una ducha rápida mañanera, esto es algo que lo necesito, bajo al desayuno. Ahí es donde miro mi agenda del día. Siempre intento dejar un hueco para revisar mis tareas y reorganizar el tiempo.

En Madrid

Cuando estoy en Madrid, una de las cosas que más me ayuda es tener todo planificado desde antes de salir del hotel. Y uno de los detalles que más tiempo me roba, o me robaba, era el aparcamiento. Yo creo que una misión imposible. Seguro que sabes de que estoy hablando. Perder minutos dando vueltas, buscando un hueco o intentando encontrar un parking libre en pleno centro, podía arruinar toda mi agenda. Yo valoro mucho la puntualidad, y sobre todo, la tranquilidad de saber que llegaré a mis citas sin estrés.

Por eso, cuando descubrí Orbit Parking, sentí que alguien por fin había entendido lo que muchos necesitamos. Marcar la diferencia no es malo, y Orbit lo sabe. Se propusieron crear un parking distinto, un parking de lujo en pleno centro de Madrid, donde pudiéramos reservar con antelación y disfrutar de un espacio diseñado para que el proceso fuera rápido, moderno y cómodo. Lo que más me sorprendió fue la combinación de diseño, automatización y servicios VIP. No se trataba solo de aparcar; era una experiencia que me hacía sentir que mi tiempo se respetaba.

Ahora, cada vez que llego a Madrid, reservo desde el móvil, sin complicaciones. Cuando entro al parking, todo es automático. Sin colas, sin tiques, sin caos. Aparco, recibo mis servicios cuando los necesito, y salgo directo a mis reuniones.

Mi rutina

Después de aparcar, suele empezar mi rutina habitual de reuniones. Algunas son presenciales, otras por videoconferencia. Entre una y otra, busco siempre un momento para caminar un poco, despejar la mente y tomar notas. Me gusta escribir ideas nuevas, mejoras posibles, oportunidades que quizá pueda desarrollar más adelante. Soy de los que creen que siempre se puede avanzar un paso más, aunque sea pequeño.

A la hora de comer, si estoy solo, elijo algún lugar tranquilo donde pueda revisar documentos o preparar la siguiente reunión. No soy de comidas largas; prefiero algo ligero y volver al trabajo. Aunque es cierto que en ocasiones no falta hasta incluso una copa. A veces, sin embargo, la comida es parte de la jornada, especialmente cuando se trata de cerrar acuerdos o iniciar nuevos proyectos. Decía mi padre que los grandes negocios siempre se hacen en los restaurantes. Llevaba razón.

La tarde suele ser el tramo más intenso. Es cuando se concentran la mayoría de mis decisiones importantes. Ahí vuelvo a valorar lo esencial que es optimizar el tiempo. Cada interrupción, cada imprevisto, puede retrasar todo el día. Por eso agradezco tanto tener algunos aspectos controlados, como el parking, el transporte o los lugares de trabajo. Y la gente que vive en Madrid, lo sabe.

Al final del día, cuando ya ha pasado el ajetreo, vuelvo a recoger el coche. Me gusta esa sensación de bajar al parking de Orbit y encontrarlo todo igual de ordenado, limpio y bien gestionado que por la mañana. Eso me mola y creo que es lo mejor.

Por la noche, antes de dormir, reflexiono sobre lo que hice bien y lo que puedo hacer mejor mañana. Es algo que hago desde hace años. No busco la perfección; busco avanzar, aunque sea un poco. A veces me sorprendo pensando en lo diferente que era mi vida al principio, cuando corría de un lado a otro, sin herramientas que me ayudaran a organizarme. Hoy, en cambio, siento que he aprendido a darle valor a lo que realmente importa: el tiempo.

 

 

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